Los no lugares y el terror cinematográfico.

Entre el canibalismo poético y abrirse camino en una industria que exige demasiado, intelectualmente hablando (temas de mis anteriores post), terminé circunscribiendo en lo que hoy en día despierta temor, lo cual ya es difícil debido a que la gente en este tiempo no se asusta fácilmente; así inicio con el tema que ocupa este post: los no lugares.

Los no lugares es un término concebido por el antropólogo francés Marc Augé en su libro Los no lugares, una antropología de la sobremodernidad [1]. Utiliza el término para referirse a los lugares de transitoriedad, es decir, aquellos espacios que no tienen suficiente importancia para ser considerados como lugares. Ejemplos de un no-lugar serían un supermercado, un aeropuerto, etc.

Motel Bates, Película Psicosis de Alfred Hitchcock

Motel Bates, Película Psicosis de Alfred Hitchcock

Es un tema interesante puesto que muestra cómo es que el ser humano ha venido a concebir una forma de vida excluyendo la cercanía de otro, mostrando que el ser humano puede relegar del hombre a la misma humanidad. Aunque me encanta la antropología no resumiré lo que plantea Augé mas continuaré con mi divagación que me llevó al espacio que en el cine ocupan esos no lugares para causarnos ese sobresalto y desasosiego en pantalla.

Los no lugares no existían en el pasado así que se recurría, para causas terror, a los lugares en los que no hubiera señales evidentes de vida (cementerios, castillos abandonados, casas viejas, lotes en ruinas, en donde la ausencia de vida y, por tanto, de bondad, acerca a la muerte y a la maldad) o que estuvieran lejos de la seguridad de la comunidad (por ejemplo, el bosque, un internado, un orfanato, un campamento).

Los no lugares son espacios producidos en la época contemporánea y están cubiertos del anonimato, la individualidad y la desaparición del espacio personal. Crecen debido a las altas concentraciones de seres anónimos, quienes no necesitan hacer suyo el lugar (personalizarlo o amarlo) pues lo ocupan como estaciones de paso, de espera, son espacios de tránsito. A pesar de la conglomeración ahí la gente deja de ser persona, no se establecen relaciones íntimas o personales, no son lugares para ser habitados.

El usuario mantiene con estos no lugares una relación establecida por compra y venta, y aceptamos eso sin miramientos incluso ya no nos parece nada extraño, nada fuera de este mundo. Los no lugares ya los hemos vuelto parte de nuestra vida y entramos a ellos sin sentir un impacto hacia nuestra persona.

Una vez racionalizado el hecho y definido los no lugares vemos que no son nada terroríficos, quizá me equivoque: veamos. Hay que pensar en las películas en donde un asesino espera a sus víctimas en un motel de paso o los caza en las solitarias carreteras de cualquier país, en donde la nueva casa atac

a a la familia[2] y a todo aquel que entre en ella, en donde los pueblos son de cera o están poblados por caníbales o sectas o zombies. El estacionamiento sirve para acechar y es perfecto para una maldición gitana, el avión es invadido por serpientes, el autobús es tomado por hombres malvados con fines secretos y el bar o table dance es propiedad de vampiros. Así llegamos a que hay que escapar de los muertos vivientes y el único lugar seguro es un supermercado.

Los espacios vueltos no lugares están desprovistos de la seguridad, del resguardo dentro de la comunidad, de aquello que nos indica que hay vida humana racional, de aquello que nos une a la colectividad, de todo aquello que nos hace sentir a salvo, en paz. Es así que la finalidad de los no lugares en las historias que nos causan tanto terror es a lo que precisamente la comunidad global ya ha impuesto como modo de vida y es aquello que nos atemoriza tanto, a saber, prescindir de la humanidad misma.

[1]Desde el principio no me llamó la atención el título sino hasta que me topé con un nombre que etiqueta a los nuevos tiempos en los que vivimos y así me di cuenta que el planeta ya pasó por el modernismo, por la modernidad, por el postmodernismo y, para actualizarnos, estamos en la sobremodernidad.
[2]Hay que pensar que en los espacios que no nos son familiares y por eso en ellos se invita a lo desconocido (otro de los miedos a superar por el ser humano), existen figuras desconocidas como un supuesto payaso, niños poco comunes o la aparición de nueva tecnología. Antes la fotografía arrancaba el alma, después la televisión y los videos eran malignos, ahora lo son los videojuegos e Internet.

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