Macedonio y Museo de la Novela de la Eterna, (Primera Parte)

Museo de la Novela de la Eterna y los nuevos constituyentes de La Novela.
 
Introducción.
Si Cervantes en la situación
más incómoda escribió lo
mejor el que escriba en toda
comodidad hará terrible el libro.
Evidente es que cuando se piensa en Macedonio Fernández de inmediato se relaciona con la metafísica o la ontología, entre otras; incluso cuando se habla de su sentido del humor. Sin embargo, no pretendo enfocarme en la vena filosófica impregnada en la mayoría de los textos de Fernández; más bien pretendo acercarme al aspecto del desaire y retiro en que tiene al prototipo de constituyentes de una novela, analizando la maestría sutil con la que crea.
Precisamente por ello, ha sido difícil encontrar bibliografía crítica que no evada la filosofía presente en la obra por lo que sólo utilizo una y me apoyo más en mi crítica personal y, por supuesto, en el texto representativo de Macedonio Fernández.
De esta novela[1] tomaré en cuenta el cómo hace que su Novela lo sea sin poseer los constituyentes prototípicos de ella; a partir de las audiciones de personajes, su cosificación y la alternancia entre la Novela lugar y ésta como ser vivo.

La primera novela genuina.

La Novela de Fernández es la “primera novela genunina [sic] artística y también la última de las pseudonovelas: la [suya] hará última a la que la preceda pues no se insistirá más en ellas” (Fernández: 1996, 16).
De esta manera inicia su texto, utilizando una ironía sutil que se encuentra esparcida por los prólogos y capítulos. Este instrumento lo sabe manejar cuidadosamente y lo esgrima en momentos, a veces, inesperados para el lector pero estratégicos para el escritor.
A pesar del obstáculo, sí pude observar el desaire y el retiro del prototipo de constituyentes de novela en otras palabras, lo que hace que la novela lo sea: Exagera el número de prólogos hasta el 568 (en realidad son 57, contando los que no llevan título). Hay largos títulos, enumeración de sustantivos vueltos nombres propios, dos comienzos y ningún final (pues se relaciona con la muerte). Es evidente la ausencia de acumulación de sucesos, información en dosis, conducción o seducción del lector y trama argumental.
Hay otros rasgos más que se encuentran en la Novela de Fernández como los personajes y las dos formas en como son tratados, las cuales presento en los dos apartados siguientes.

Las audiciones.

Las audiciones de personajes están contempladas por Fernández, pues desea que varios golpeen a su puerta exigiendo entrar a la Novela y anhelaba que tal situación la pintara alguien: “mostrando con alguna persuasividad los agolpamientos de señoritas y caballeros a la puerta de mi casa en requerimiento de figurar como personajes de mi novela; a fin de que propicie al ánimo de tantas personas [que] se retiraron enojadas por mi dificultad de complacerlas” (Fernández: 1996, 82).
Efectivamente en esta cita exhibe su prepotencia al elegir a cierto tipo de persona que será personaje (que trata como persona y no como cosas); no lo digo de manera despectiva sino como alabanza a la ingeniosa estrategia que al contrastar con el apartado siguiente se apreciará mejor. Además no todos pasaron por esas audiciones y me he dado la libertad de nombrarlos, porque tenemos a diferentes personajes que participan dentro de los prólogos o dentro de los capítulos o sólo son mencionados.
Dentro del primer tipo de personajes están el editor y los críticos; los encontrados en los segundos están los lectores ya sean seguidos, salteados, cortos, de vidriera, No-conseguidos, de Tapa y de desenlaces; y entre los terceros está el Viajero y el ama de llaves.
A pesar de las audiciones, hay otros personajes que hicieron todo lo posible por entrar a las filas de la Novela como: Juan Pasamonte, Recienvenido, Suicidia (estos tres provocan la inversión de avisos oportunos –aquí inoportunos- que no aparecen en la realidad como el del ama de llaves que busca millonario), la cocinera y Federico, el chico de largo palo.
Éstos, aunque no son considerados para las acciones de los personajes principales, sí tienen espacios en donde se habla sobre su vida o de sus prácticas, ya que son importantes en la medida de que no son los indicados para aparecer en la Novela, porque poseen la lógica de una novela prototípica. Por eso Fernández argumenta el por qué no aceptó a la cocinera: “Es por esto que ya dije no aceptamos entre los personajes a la cocinera que quería licencia para atender botones y tapa de cacerola que no se derraman y fondos de arroz con leche que no se quemaran” (Fernández: 1996, 50).
Federico es, con seguridad, el que más le ha causado molestias al autor ya que lo inoportuna desde traer su palo para alardear hasta poner una Fábrica de ruidos (aunque esto da pie, en realidad, para hablar de la relación Eterna/ Presidente): “Lo cierto es que Federico se encuentra en la tierra por lo menos desde la mañana, a la entrada de mi novela” (Fernández: 1996, 74).
Entonces, uno de los requisitos para la selección de personajes es que ningún personaje esté atado a los constituyentes de una novela prototípica que no resultan verosímiles como el argumento que da para no aceptar a la cocinera. No obstante, una vez aceptados los personajes trata el autor de volverlos cosas.

[1] A fin de cuentas utilizaré como sinónimo de texto este término, novela, aunque a Fernández no le hubiera gustado.

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