Poema ciego

No estoy ciega
No dejé de ver la luz del día,
Ni el oscuro secreto debajo de mis párpados.

Incluso veo las noches
De siluetas delgadas y firmes,
Que suelen ser cercanas, frías y poco solemnes.

Un día vino un hombre
Y me hizo ver, mas no mirar, distinto
Todo aquello que me rodea y logro tocar.

Expandí mis horizontes
A la vez que desvelé un misterio.
Sacro sentido de vista el mío cuando noté mi don.

Veía doble, pensé.
Mas pronto miré que las almas puras
Se desprendían con inocencia, ante mí, de los cuerpos.

Horror causé con mi don
Había que corregirlo prontamente
Con un tercer proceso radical y a la vez áureo.

De lo nítido he pasado
Hasta lo traslúcido.
He dejado de ver de los seres las almas repletas.

Mas no me acongojo
Porque estoy a un mero paso
De lo prístino, de revelar el misterio de la vida.

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