Gonzalo Celorio y los novelistas.

El 5 de noviembre de 2007 el narrador, profesor de la UNAM y miembro de número de la Academia mexicana de la Lengua, Gonzalo Celorio dio una conferencia en la Facultad de Psicología de la UNAM. Charló, en ese entonces, con los asistentes sobre su novela recién publicada Tres lindas cubanas y sobre la forma de trabajar de un novelista. Esa es la parte que me interesó pues desde su justificación de la longuitud de sus respuestas ya daba cuenta la diferencia entre un novelista y un cuentista.
Decía que como novelista respondía largo a diferencia de lo corto que podría responder un cuentista. Supongo que de haber tenido en cuenta la anécdota famosa de la conversación que sostuvo Jorge Luis Borges con Juan José Arreola agregaría lo que dijo el argentino como resultado de la misma: “Me permitió intercalar algunos silencios”.
Para Celorio es mucha la diferencia entre una novela y un cuento, atendiendo, además a lo que decía Cortázar sobre el cuento: “El cuento es siempre de knockout y la novela es de decisión técnica”. Por un lado, el cuento es como una aventura amorosa (llámese noviazgo, amigovios, free) que sale o no sale pero se consuma en sí misma. Por otro lado, la novela es un matrimonio en el que se tiene que estar todos los días para cuidarlo, dedicarle amor, esfuerzo y disciplina: “Dejar de escribir un sólo día en la novela en la que se está trabajando es como no ir a dormir a casa”.
Eso me hizo divagar y caer en las novelas de la Tierra en las que se alude sobre que la tierra es como las mujeres siempre celosas, siempre exigentes, ¿será que la novela es femenina?, ¿será que el cuento es masculino? Esto lo digo porque es el cuento corto, apasionado, furtivo y se entrega todo en un momento.
Regresando a Celorio y su plática, comentaba que sabiendo que se ha de acabar de escribir la novela también se sabe que se liberará del conflicto que se presenta en ella. Pienso que es como dejar esa familia que se estableció en ese matrimonio y ahora se entrega libremente al lector, como cuando se comenta del divorcio a los amigos.
En ese sentido, la novela crea un mundo referencial, que remite directamente a la realidad pero que deja conocerla más profundamente aunque sin llegar a la universalidad del cuento ya que la novela en su extensión logra especificar a los personajes con personalidad, en tiempo y lugar. El cuento por su breve extensión no siempre llega a ello, sin embargo, logra presentar ciertos hechos que pueden vivir alguien en cualquier parte.
No sé si sea por ello que yo sienta que la novela sea femenina por esa introspección y el cuento sea masculino por esa universalidad pero es un hecho que la novela obtiene un punto más por la impureza original de su género (como decía Milán Kundera y bien ejemplificado en El viaje sedentario) ya que en ella admite otros ejercicios literarios como la poesía o el cuento, otras materias como la historia, otras formas de narrar como la de los libros de viaje o de caballería e incluso otras novelas dentro de la misma.
Lo que es un hecho, y lo digo a modo de conclusión, que lo que escribe Celorio así como otros novelistas, es con la finalidad de entender lo que le es incomprensible, para resolver el misterio, el conflicto que a buscado o quizá presentando ante él: “Uno sabe donde se embarca pero no tiene la menor idea de cuál va a ser su llegada, por eso es una aventura: se encuentra con una Circe en el camino y no siempre puede regresar a Ítaca; si hay conflicto, hay novela”.
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