Mario Vargas Llosa y el Premio Nobel 2010

No a todos los escritores les place considerar que puedan ganar el famoso Premio Nobel que otorgan en Suecia y más cuando cada año se bajarea su nombre como probable postulado entre otros que podrían merecerlo (hablando la misma modestia). Esto le ocurría a Mario Vargas Llosa, ahora galardonado con el Premio Nobel de Literatura de este año.
Le molestaba, lo decía él mismo en alguna entrevista de a penas el año pasado[1], que siempre le preguntaran su opinión sobre ser merecedor o no de dicho premio y sobre los nombres que también se manejaban como si cada vez que tuviera una buena mano en un juego de pokar debiera disertar sobre si merece o no apostar o dejar que la casa pierda.
No se preocupaba por ganar pues ya conocía el estado de lucha al contender por la presidencia de su país, Perú. Esto de alguna manera limitó su ejercicio como escritor y tan sólo dejaba tiempo para lograr leer, no sin esfuerzo, algunos poemas de los Siglos de Oro español. La lección bien aprendida que seguramente tomó es que no sirve de nada preocuparse, si se gana o no y más cuando se está ante algo que puede salirse de sus manos. Sin embargo, confía, como todo escritor que suele tener cierto grado de egocentrismo, en lo que escribe y en que sabe hacer bien su oficio.
Vargas Llosa es un escritor que a través de sus textos ha logrado digerir gran parte de su vida, desde sus primeras novelas como La ciudad y los perros de 1963 hasta Travesuras de la niña mala de 2006. Diría que no siempre le ha tratado bien la vida pero sería incierto, lo que es más acertado decir es que no ha tenido siempre circunstancias afortunadas.
Recuerdo la anécdota de que estando él en Inglaterra fue a visitarlo el escritor cubano Alejo Carpentier para pedirle ayudara con la causa de Fidel Castro. También aquella pelea con Gabriel García Márquez en un cine de México en donde se dice que le soltó tremendo puñetazo. Incluso su participación en el teatro que, por cierto, él considera pésima o su intrusión al cine con la dirección de la adaptación al cine de su novela Pantaleón y las visitadoras (1973).
Por ello, creo que el autor de La orgía perpetua (1975) y de la Fiesta del Chivo (2000) sabe darle el justo peso a las cosas. Por ello, cuando recibió la noticia a las 6:45 de la mañana en su casa de Nuevo York y antes de dar clase en la Universidad de Princeton confesó sentirse “conmovido y entusiasmado”. Lo que es aún más agradable es que Vargas Llosa extiende el premio no sólo a su trabajo ni a la literatura hispanoamericana si no a la misma lengua en la que escribe y la región de donde nació.
[1]El 15 de noviembre de 2009 en el programa “Los imposibles” de la Cadena Venevisión conducido por Leonardo Padrón.
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