Nathaniel Hawthorne y el daguerrotipo.

Una de mis autores favoritos, sin duda es Nathaniel Hawthorne (1804-1864) y me congratulo de decir que leí sin aburrime El tejado de las siete aguas, de cuyo libro dicen que vale la pena por las páginas finales. No diré el final pero algo tiene que ver con cosas de otro mundo. Así me pareció cuando mencionan el daguerrotipo una y otra vez.
Este fue el primer procedimiento fotográfico desde 1839 inventado por Louis Jacques Daguerre. La exposición de 10 minutos debio ser un martirio y más si se aunaba la comezón o algún molesto estornudo por salir pero el resultado me sigue pareciendo maravilloso. El daguerrotipo se convirtió en una de las primeras pruebas en la que se plasma al personaje tal y como es. A diferencia de la pintura no podía ser atenuado algun defecto físico, no había manera de hacerle cirugía plástica a una nariz aguileña, por ejemplo. Con esta prueba se legitimaba haber sido joven alguna vez como en “El experimento del doctor Heidegger”, aunque sea en esos breves 10 minutos que se hacían eternos.
Todo el tiempo de espera vale la pena por contemplar tu viva imagen sin que ésta se mueva por tu voluntad. Así como ocurre en “Wakefield” en donde el hombre se retira de su propia vida para mirar como transcurre sin su presencia. Finalmente vuelve para admirarla desde dentro. Como le ocurre al propio Hawthorne al querer desligarse un poco del pasado familiar, que le torturaba ya que su abuelo tuvo parte en los juicios de las brujas de Nueva Inglaterra y en el cuento “El joven Goodman Brown” da cuenta de ello.

Algunos daguerrotipos fueron pintados a mano para darle color, quitarle ese velo siniestro de blanco y negro como el que ostentaba en su rostro el pastor Hooper en “El velo negro del pastor”. Los daguerrotipos parecen pinturas hechas con sumo y cuidado detalle y fabuloso parecido con el objeto real. A diferencia de otras obras de arte de su tiempo, llámese escultura o pintura, son únicas, no había siquiera dublicados. Tendría que ser por fuerza fotografiado de nuevo para tener una foto más y ella no era una copia. Como la especial amistad entre Hawtohrne (autor de La Letra Escarlata) y Herman Melville, autor de Moby Dick.
El producto es una pieza frágil y delicada, sensible. Eso me hizo recordar uno de los cuentos de Hawthorne, “El artista de lo bello”, en el que un artista intenta conquistar a la amada con un delicado mecanismo en forma de mariposa, que parece inconcebiblemente real pero finalmente perece a manos del insesible hijo de aquella.
Los sujetos ideales para ser retratados fueron los recién fallecidos ya que no podían moverse ni cambiar su gesto. No era moda novedosa en sí ya que desde el Renacimiento se recurría al memento mori. En este tipo de exposición aunque se disimulaba el impacto de la muerte al capturar al sujeto como si estuviera vivo para los familiares era evidencia del término de su vida.
Tanto el daguerrotipo como el propio Hawthorne quizá han sido superados, en cuanto a técnica, por el tiempo mas no por ello dejan de ser precursores de una nueva forma de dar cuenta de la realidad y el misterio que en el ser humano se da cuando es incapaz de atenuar u ocultar su verdadero ser, único, irrepetible, frágil, sensible y en ocasiones siniestro.
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