El autosacramental de González de Eslava

Fernán González de Eslava es unos de los pocos pero exitosos dramaturgos de la Nueva España (entre otros también se cuenta a Juan Ruíz de Alarcón y a Sor Juana Inés de la Cruz). A través de sus obras llamadas autosacramentales[1] se lograba un entretenimiento que combinaba la enseñanza religiosa de tal manera que todo el mundo podía entender, en especial los indígenas analfabetas, y también, la exhibición de la mezcla de razas. Todo ello presente en los autosacramentales de manera alegórica como en Coloquios espirituales y sacramentales.

Esto es lo que diferencia a los autosacramentales que se venían haciendo en Europa desde la Edad Media y hasta los de elaborados aparatos escénicos del Siglo de Oro hechos por dramaturgos como Pedro Calderón de la Barca o Lope de Vega.

Aunque por muchos es considerado “El divino Narciso” de Sor Juana Inés de la Cruz como el autosacramental que representa mejor la naciente esencia mexicana debido a su mezcla profana, divina, indígena y europea, entre varios puntos más. El autosacramental de González de Eslava: Coloquio VII, “De cuando Dios nuestro señor mandó al profeta Jonás que fuese a la ciudad de Nínive a predicar su destrucción” es el que yo creo que expresa de manera alegórica y audazmente la esencia, aún en forma, de la mexicanidad.

Jonás es un personaje bíblico al que le encarga Dios ir hasta Nínive y avisar a sus habitantes que se conviertan pero en un intento de escape de su misión es tragado por una ballena. En esta obra muestra un llamado a la conversión del oprimido, del conquistado pero sin una imposición del conquistador.

Bajo el velo del cristianismo que envuelve en sí el autosacramental González logra exponer una visión más arriesgada en tanto que cuestiona la problemática politica, social y religiosa imperante. Por ello fue encarcelado y procesado por la Inquisición. Sin embargo, este espíritu subversivo de González de Eslava lo llevó a exhibir lo que ejercía él mismo en la medidad de lo posible, el libre albedrío.

Con Jonás vemos que de una u otra manera su destino está marcado por Dios pero en el autosacramental vemos el ejercicio del libre albedrío. Sin llegar a dudar del poder de la divinidad, el libre albedrío es expuesto como un regalo divino con el que podemos elegir el camino que deseemos. En el caso de Jonás, elige ir a Nínive y sin mayores complicaciones todo el pueblo hace penitencia y se convierte.

El tipo de mexicanidad que descubre el dramaturgo es de aceptación de sí mismo, no sólo por la conversión religiosa si no también por la fusión de los elementos que unifican a los novohispanos. Aquello que es criollo, él pretendía que fuese aceptado por elección propia y no rechazar las partes incómodas como la herencia indígena o la africana e incluso la árabe y hebrea. A lo cual recurría para expresar ese espiritu naciente mexicano.

[1]Presentados generalmente para la fiesta de Corpus Christi, en donde la fiesta se dedica al misterio de Cristo convertido en eucaristía.
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