Nenhum olhar de José Luis Peixoto

He redescubierto hace pocos días a Jose Luis Peixoto (1974 – ), quien a pesar de que estuvo en mi universidad dando una conferencia, no tuve la oportunidad de conocer. Sin embargo, en su blog, que mantuvo aproximadamente un año, tuve la oportunidad de seguir la visita que hizo a México. Parece ser que a Peixoto por naturaleza le atraen esas cosas fantásticas que impregnan la novela Nenhum Olhar (Premio José Saramago 2001). En México fue a ver lucha libre y una mujer, en la FIL de Guadalajara, lloró en su hombro.
En su novela el tiempo parece repetirse, los pensamientos, las situaciones. También parece ser eterno pues el verano y la tierra árida no termina. Esa es una realidad a la que se enfrentan los habitantes de la zona sur de Portugal. Al mismo tiempo presenta a personajes que el lector logra percibir como posibles: los hermanos unidos por un dedo, el gigante, el demonio, el viejo Gabriel, la prostituta ciega o Rafael, el mutilado.
De igual modo hay personajes con los que el lector comparte manías y pensamientos, y que por ello, son entrañables; como la familia de José, en especial su hijo y su esposa (quienes viven sin expresar lo que puede ser un amor único pero triste). Aunque la lectura resulta ser muy pesada debido a la atmósfera de completo silencio que crea o, por lo menos, de conversaciones con palabras muy medidas.
De lo que más he disfrutado al leer y releer la novela es el manejo de lenguaje de Peixoto, la forma en que no se limita al dejar fluir el pesamiento de sus personajes, a pesar de ser rurales. El flujo de conciencia de José es una poesía simple y metafísica, cosmogónica, quien es capaz de dejar un testamento mental para su esposa e hijo. Asimismo permite un libre y extraño modo de relacionarse, de convivir, de amar, silencioso y furtivo.
El que varios de los personajes tomen la voz narrativa hace que resulte veloz. Gracias a ello sabemos lo que ocurre en la novela sin embargo, es poco lo que entre ellos logran decirse, si no es por su forma extraña de comunicarse, por ejemplo, a través de platillos exóticos, como lo hace la cocinera, o a través de las miradas, como lo hace la gran mayoría de los personajes.
Miradas perdidas, miradas que atraviesan a la nada, miradas que llegan al vacío, y que nos permiten presenciar, sin que otro estímulo sensitivo intervenga, la llegada de la muerte y el ciclo continuo de la vida, que ocurre todavía sin que nadie lo mire.
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