Arco triunfal en México

En la época actual las instalaciones (o arte instalación ) en donde se fusinan el arte y la arquitectura, por mencionar otras formas artísticas, son un modo, visto ya como cotidiano, de hacer arte. Antes de 1920, cuando el dadaísmo originó el arte instalación, se creía que expresiones artísticas monumentales eran difíciles de ser aceptados por la gente sin que topara con el culto religioso oficial. Sin embargo, encuentro como antecedente de la misma propuesta, en este sentido, del dadaísmo siglos atrás.
Una de las formas más monumentales y representativas de ello son los arcos triunfales (portada triumphal o máquina) que combinan la escultura (gracias a la ingenieria y arquitectura) y la poesía. En el nuevo mundo era algo reciente pero pronto se hizo tradicional y espectacular. Entre los que concibieron grandes y hermosos arcos triunfales que contenian poemas con loas hacia los virreyes que llegaban a la Nueva España, estaba Carlos de Sigüenza y Góngora y Sor Juana Inés de la Cruz. Ésta última fue la encarga del arco triunfal para la Cátedral para dar la bienvenida al marqués de la Laguna que llegaron el 30 de noviembre de 1680. Lo único que se conservó fueron los poemas del Neptuno alegórico, al ser arte perecedero (“que sea eterno mientras dure”).

Para ello los arcos constaban de tres partes: la dedicatoria, razón de la fábrica y explicación del arco. En el caso del de Sor Juana su arco enlaza los atributos del dios Neptuno con las cualidades del virrey, lo cual proviene de una tradición clásica. Mientras que el de Sor Juana constaba de una sola fachada para la puerta occidetal de la Cátedral, el de Sigüenza tenía dos puertas. Ambos arcos manejaban un lenguaje codificado en el que se empleaba el emblema triple, es decir, la lectura de la imagen, del texto y de la estrcutura general del arco. Para ello se tomaba en cuenta a los receptores, tanto el elogiado como a la sociedad entera.
El arco de Sigüenza (Teatro de virtudes políticas) fue más audaz al atreverse a emplear efigies de empereadores aztecas y mostrar el naciente orgullo por llevar la sangre de un pasado indígena, además de, con ello unificar a las “castas”, parte de la sociedad receptora. El arco triunfal fue colocado en la Plaza de Santo Domingo por encargo del Cabildo de la Ciudad de México. El arco triunfal de Sigüenza desafía y se separa de los cánones europeos, no obstante, logra ganarse al gran mosaico de habitantes de la Nueva España.
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