Juan José Arreola y los animales

Me contó alguna vez un profesor, que tomó clases con Juan José Arreola en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, que Arreola se presentaba con trajes peculiares, de un amarillo indisimulable. En fin, una forma de vestir extravagante. El escritor jaliciense estuvo siempre inclinado a la felicidad y la brevedad, su forma de escribir fue dichosa por apegarse a una forma de hablar sencilla, y a la vez difícil de lograr, lejos de un Góngora o de un Quevedo.
Alguna vez, la administración de la UNAM le encargó hacer un bestiario. Ya esfumado el pago total de la edición, dado por adelantado, y con el tiempo encima tuvo que dictar casi de memoria a José Emilio Pacheco, tan sólo una semana antes de expirar el plazo.
Y, entonces, se dejó rodear de fauna exótica. Quizá se sentiría cómodo rodeado de vestiduras hechas con pieles y plumajes exóticos y ostentosos; quizá fue como estar en familia. Arreola se inclinó un poco hacia los bestiarios hispanoamericanos en donde se antropomorfiza a la bestia desconocida. Sitúa al lector entre seres no muy lejanos a la forma de actuar del ser humano, incluso, la de Arreola mismo, al convertirse en entusiasta autodidacta, un ser que aprendía por sí mismo las vicisitudes y placeres de la vida, del oficio de escritor.
Fue así que logró el Bestiario (1972), unión poco común entre la bestia y el hombre. El libro es una fiesta, en cada cuento se encuentran similitudes entre ciertas personas y ciertos animales como cuando en una reunión se topa con alguien de gustos similares y se sorprende uno por aquella agradable sorpresa. Plasma la similitud quizá fisiológica, quizá psicológica o es que nos lo deja entrever sin señalarlo como las pasiones, el comportamiento, el sexo y la muerte.
En ello se yergue una metamorfosis fabulosa que señala, en breve, los puntos en común. Mediante una narración que podría ser pesada, debido a la descripción de carácter científico, anclada a los bestiarios medievales. Sin embargo, gracias a su maravilloso manejo en la economía del lenguaje su narración siempre es certera, corta, tranquila mas no sosiega puesto que nos lleva hacia una extraña anacnórisis, un reconocimiento del otro, un mirada en un espejo hecho por la madre naturaleza.
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Un comentario el “Juan José Arreola y los animales

  1. Morra, entre los bestiarios que más he disfrutados se encuentra el Manual de zoología fantástica, de Borges y dos de René Avilés: El bosque de los prodigios y Los animales prodigiosos (cuyo nombre fue cambiado a De sineras a sirenas para la edición definitiva).

    ¿No querría usted hablar de ellos?

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