Sí hay intelectuales y no ladrones.

Los primeros pininos en la farándula para algunos ha sido trabajar como extra, como alguien que ni a personaje llega pero que orgullosamente ya se puede autonombrar actor. Para otros, a través del esfuerzo de su propia inventiva e intelecto, del ejercicio de crear buenas obras artísticas lograron permitirse pasar de formar parte del mundo intelectual de los años cincuenta y sesenta en México a experimentar la actuación en un largometraje honesto y todavía vigente debido a su temática.

En este pueblo no hay ladrones es una obra escrita por Gabriel García Márquez, en la que se narra la desventura en un pequeño pueblo cuando han desaparecido misteriosamente las bolas de billar. El presunto culpable es Dámaso, cuya mujer está a punto de tener un hijo. Ante ello, la población se transforma en un jurado cuyas acusaciones son racistas, el pueblo obtiene así una crisis de identidad en la que tiene miedo de asumir que en su esencia puede haber esa oscuridad. Ante tal situación, Dámaso decide restituir los objetos por lo que lo acusan aunque su pobre intento se vuelve inútil ya que su intención lo confirma como el culpable.

En 1964, el Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica de la República Mexicana (STPC) organizó un concurso público que pretendía dar a los nuevos valores la oportunidad de ingresar en el cine mexicano. El primer premio fue ganado por Rubén Gámez. Alberto Isaac y el crítico de cine Emilio García Rivera quienes decidieron presentar el cuento de su amigo Gabriel García Márquez, desconocido entonces para el gran público. El texto fue adaptado al cine en 1965 por Alberto Isaac, antes de que ninguno de los dos fuera conocido por el gran público.
La película fue filmada en tres semanas en la Ciudad de México y en Cuautla, con un presupuesto muy modesto. El elenco es imponente e impresionante pues representa la vida intelectual de México en los primeros años de los sesenta y aún más, debido a ese escaso presupuesto.

Dicho reparto estuvo integrado de la siguiente manera; entre paréntesis se encuentra algunos de los papeles interpretados, algunos de ellos son como un chiste interno dentro de la filmación: Luis Buñuel (el cura), Arturo Ripstein (Arturo Rosen), Alfonso Arau (empresario), Luis Vicens (jugador de dominó), Juan Rulfo (jugador de dominó), Carlos Fuentes, Carlos Monsivais (jugador de dominó), los moneros Ernesto García Cabral y Abel Quezada (jugador de dominó), Leonora Carrington, José Luis Cuevas, el crítico de cine Emilio García Rivera (el experto del billar) y el propio Gabriel García Márquez (el cobrador del cine).

Ninguno cobró por su participación y en su momento la película logró gozar de éxito. Sin embargo, el director, Alberto Isacc tuvo que esperar tres años para trabajar en un nuevo proyecto con el productor Alfredo Ripstein Jr. (padre de Arturo Ripstein) para dirigir Las visitaciones del diablo. Con todo ello, En este pueblo no hay ladrones se ha convertido en un obra secreta de culto debido a los personajes renombrados que participan en ella sin cobrar un peso, por el interés en el proyecto pese al bajo presupuesto y debido a la temática que hoy en día atañe al gobierno y sociedad en México, la difícil tarea de enfrentarse a dos vías: asumir que dentro de ellos se encuentra esa característica, ser un criminal o el aceptar que la justicia puede ser manipulable, que la justicia está echa de versiones no siempre veraces.
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