Antes de la foto a color: el autocromo, Marguerite Mespoulet.

Marguerite Mespoulet y su fotografía de 1913 es la razón por la que llegué al compendio de imágenes de Albert Kahn. De la vista me nació el amor, me dejé seducir por el rojo brillante de la falda que sobre sale del pulcro delantal blanco, del carmesí terciopelo del manto, del erotismo en un infructuoso intento por encubrir esos pies femeninos.A principios del siglo XX, mucho antes que la fotografía a color tomase siquiera forma, Albert Kahn (inversionista francés) soñó con registrar el mundo a través de 72.000 placas de autocromos. El trabajo de Kahn y los aventureros que contrató (sean camarógrafos o fotógrafos) dio origen al libro: The wonderful word of Albert Kahn [1]. El libro es una joya en donde, de manera artística, no sólo con una visión científica, se constata visualmente el modo de vida en diferentes partes de la tierra. Desde Estados Unidos, Irlanda, hasta Vietnam, Benin, Dijbuoti y Croacia.

No sólo las fotografías llevan un registro documental si no una carga cromática especial puesto que la vestimenta en su mayoría está saturada de colores brillantes, no obstante, a la par se cuida muy bien la vestimenta, la diferencia entre el vestir de un continente a otro, de un lugar a otro. Cada autocromo es una historia en sí, sin embargo, también existe una razón para que el objeto a elegir haya sido capturado, y cuenta, del mismo modo, las experiencias vividas por el fotógrafo en la región.

El caso de Mespoulet es especial puesto que es la única mujer (a parte de su compañera Madelaine Mignon) que envió Kahn a fotografíar un fragmento del mundo. Desde su visión femenina se enfrenta a la pobreza de un pueblo irlandés, una educación precaria, la migración y la enfermedad. La imagen de la mujer del pueblo pesquero predomina con su belleza natural que oculta la inmundicia detrás de ella.

En ocasiones, el paisaje toma su lugar como protagonista por sobre el ser humano, desde ruinas de casas en Turquía hasta un camino en Lebaron invadido por un rebaño. Los monumentos también son preponderantes como la Torre Eiffel, el Taj Mahal, las pirámides o el interior de un templo en Italia o unas casas rústicas en Irlanda. Incluso unas manos de largas uñas tomadas en Camboya y una prisionera mongola en una cárcel portátil se roban cámara.
Entre lo desgarrador, costumbrista, alegre, espiritual y científico; cada una es de una belleza onírica que el tecnicolor de la pantalla grande asemeja pero no logra captar la diversidad del gesto, de la mirada, de la intención, de la espiración de vida que emanan.
[1] Aquel que sin un centavo en la bolsa considere echarle un vistazo a todas las imágenes que constituyen el libro de Kahn puede recurrir a las páginas siguientes: http://www.albertkahn.co.uk/ ó www.albert-kahn.fr

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