Greguerías de Gómez de la Serna

Desde 1910 me dedico a la greguería que nació aquel día de escepticismo y cansancio en que cogí todos los ingredientes de mi laboratorio, frasco por frasco, y los mezclé, surgiendo de su precipitado, depuración y disolución radical, la greguería. Desde entonces, la greguería es para mí la flor de todo lo que queda, lo que vive, lo que resiste más al descreimiento. La greguería ha sido perseguida, denigrada, y yo he llorado y reí por eso entremezcladamente porque me ha dado pena y me hecho gracia. Gómez dela Serna.

En palabras más serias las greguerías son textos breves semejantes a aforismos que generalmente constan de una sola frase que expresan, con agudeza e ingenio, pensamientos filosóficos, pragmáticos, líricos, etc. Es un choque casual entre pensamiento y realidad, entre humor y seriedad.
Humor más metáfora es igual a una greguería, sin embargo, también se debe a la asociación en imágenes de dos conceptos, alusiones o enlaces entre imágenes, asimismo, la formación lingüística es relevante para el efecto humorístico. Fueron inventadas por Ramón Gómez de la Serna

 

Corresponden a las criallerías en francés y a las schiamazzi en italiano puesto que este escritor español no fue el único en cultivar el basto campo de las greguerías. Entre los que aportaron tanta brevedad en sendas letras, entre el antes y el después de las greguerías son: William Shakespeare, Luciano, Eurípides, Francisco de Quevedo, Víctor Hugo, Saint-Pol-Roux, Guillaume Apollinaire, Jorge Luis Borges y Vicente Huidobro.

Entre mis favoritos de Gómez de la Serna son:

Como daba besos lentos, duraban más sus amores.

La O es la I después de comer.
El ventilador afeita el calor.
El bebé se saluda a sí mismo dando la mano al pie.
También están los números, a los que he estado recurriendo en estos días:
El 8 es el reloj de arena de los números.
El 6 es el número que va a tener familia.
4444: números haciendo flexiones gimnásticas.
Y los favoritos de autores varios:
Cuando graniza en la tierra es que tiemblan las vidas de la luna. Luciano.
La miel es el trabajo público de las abejas. Euripides.
Los ojos son los locos del corazón. William Shakespeare.
Erizo es el zurrón de la castaña. Luis de Góngora.
Los ojos pequeños tiene niñas y los grandes mozas. Francisco de Quevedo.
El murmullo es el humo de la conversación. Víctor Hugo.
Hasta después del llanto más sublime acaba uno por sanarse. Heinrich Heine.
El perfume es la muerte de las flores. Friedrich Hebbel.
Cementerio con alas: vuelo de cuervos. Saint-Pol-Roux.
La salida es la entrada vista de espaldas. Dekobra.
En el cielo un ángel no debe tener nada de extraordinario. George Bernard Shaw.
Los ascensores suben como el mercurio de los termómetros. Vicente Huidobro.
La luna tiene un sueño de grandes abanicos. Federico García Lorca.
El telescopio empequeñece el universo. El microscopio lo engrandece. G. K. Chesterton.
La noche es una nube hecha de ojos. G. K. Chesterton.
El tiempo es la sustancia de la que estamos hechos. Jorge Luis Borges.
El agua habla sin cesar y nunca se repite. Octavio Paz.
La vida es una isla, las rocas son sus deseos, los árboles sus sueños y las flores su soledad.

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