Una mujer en el aire, Amelia Earthart


Por favor debes saber que soy consciente de los peligros, quiero hacerlo porque lo deseo. Las mujeres deben intentar hacer cosas como lo han hecho los hombres. Cuando ellos fallaron sus intentos, deben ser un reto para otros
. Amelia Earhart.

Varios de los trabajos que implican fuerza y exactitud -entre otros atributos pensados únicamente como masculinos- para empeñarlos han sido ocupados por hombres por mucho tiempo. Sin embargo, la oportunidad para el género femenino de adquirir un puesto en algún trabajo de este tipo se presenta cuando precisamente ese a penas está en vías de desarrollo.
Para 1920 la aeronáutica daba sus primeros sólidos pasos como una forma seria de transporte, comunicación e instrumento de guerra. Al mismo tiempo, con el medio de transporte consolidándose se dio la oportunidad para Amelia Earhart de tomar un lugar en él, lo que se convirtió en un puesto que representaría a las féminas en el campo aéreo.
No sólo es recordada como aviadora por ser mujer -pues es tan sólo una de las tantas mujeres pioneras y la 16a. en obtener la licencia de piloto de la Federación Aeronática Internacional- si no que fue célebre, desde su época, por las marcas de vuelo que impuso y debido a haber intentado el primer viaje aéreo alrededor del mundo sobre la línea ecuatorial.
Sin embargo, no fue esa la vía por la cual obtuvo renombre en la época si no debido a una de sus mejores cualidades, que logró hermanar su amor por la aviación, con la habilidad de emprender y mantener un buen negocio en el nicho de la aviación. Se dedicó a invertir dinero para construir una pista de aterrizaje, vendió aviones Kinner y promovió la aviación femenil. Con ello comenzaba a hacerse de un nombre en la sociedad, de tal manera que El Boston Globe la reconoció como una de las mejores pilotos de los Estados Unidos de América.
El empredimiento en los negocios y la publicidad dada a la aviación femenil la acercó a la propuesta del capitán H. H. Railey para emprender la cruzada por el océano Atlántico en 1928. En un inicio ella iba como compañía del piloto Wilmer Stultz y el mecánico Louis Gordon, quienes hicieron todo el trabajo como ella lo reconocía. No ocurrió lo mismo con la prensa quien rápidamente le atribuyó enteramente la hazaña a ella; incluso obtuvo felicitaciones del presidente Calvin Coolidge y fue comparada con uno de los pilotos más famosos aún en la actualidad, Charles Lindbergh.
No obstante, el hecho de que lograra ser la elegida para la propuesta y el viaje no tuvo menos mérito que la hazaña misma puesto que pocas mujeres se comprometieron por amor al oficio a facilitar y promover la aviación para mujeres. Por ello continuó aprovechando la publicidad generada no para ella sino para ese campo joven que se abría para el género femenino. Ejemplo de ella fue la carrera aérea para féminas a través de su país en 1929.
A pesar de ello tampoco descuidó su carrera así que intentó, con éxito, el mismo vuelo que realizó Lindberg en 1932, un viaje en solitario para cruzar el Atlántico. Con lo que impuso las marcas: primera mujer en realizar un vuelo en solitario en el Atlántico, primera persona en hacerlo dos veces, la distancia más larga volada por una mujer sin parar y récord por cruzarlo en el menor tiempo. Además, ello desencadenó el reconocimiento como la mujer más destacada del año y la condecoración del congreso [Distinguished Flying Cross] otorgada a una mujer, por primera vez. Entre sus famosos viajes se incluye el realizado en solitario de Los Ángeles a Ciudad de México y, luego, a Newark.
Amelia Earhart no sólo fue una mujer más que se adentra en un trabajo para hombres, si no que su mérito va más allá de tal modo que en el último de sus ambiciosos viajes se declaró perdida en acción -tras intentar el primer viaje sobre la línea ecuatorial para dar vuelta al globo-. Ella es una de las tantas mujeres que se adentró en una vía de transporte en plena consolidación y no se limitó en ganar terreno y renombre para su persona, si no que realizó un doble esfuerzo: el mantenerlo y, a la par, abrir puertas que facilitarían la amplitud de este medio y que dentro del mismo hubiera una cabida aceptable y amplia para la mujer de la época y de las futuras.
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