El viejo y el mar de Hemingway

Ningún hombre llega a estar verdaderamente solo en el mar. Hemingway.

La novela de Ernest Hemingway, El viejo y el mar, es más que la sucinta historia de un pescador anciano que luego de más de 84 días de mala racha, logra encontrar un pez espada al que luego de una lucha de días, logra pescar. Dentro de la sencillez del relato, tanto en la trama como en el lenguaje que maneja, Hemingway presenta la lucha desigual entre un hombre de avanzada edad y la naturaleza representada por el mar y el pez. Exhibe una lucha de deseo, un deseo de querer vivir, lleno de peligros, zozobras y reflexión.
Las relaciones que presenta la novela es primero la de respeto, desarrollada entre el viejo y el muchacho. Aunque no es su padre, lo ve como una figura de autoridad a la que ahora, con la energía de la juventud, puede ayudar y cuidar sin que por ello le arrebate la dignidad de ser humano independiente y capaz que todavía es. A cambio, el viejo puede retriburle al chico la ayuda con humildad sin que por ello su orgullo decrezca, lo mismo aplica a las burlas que de otros pescadores recibe. La relación de respeto y amor hacia un superior, no sólo se da entre el viejo y el chico sino, como el nombre del texto indica, entre el viejo y el mar. El mar es visto tanto como fuente de vida y por ello como mujer, la mar, la dadora y quitadora de vida, la que se deja influenciar por la luna, la que con su movimiento parece hacer el amor debajo de una frazada amarilla. La mar es la que regala hermosos cuadros de burbujas iridisentes, de espuma, de agua verdiazul por las algas, la que cura con su agua salada. Es lícito recordar la destreza del escritor norteamericano al resaltar la belleza de los peces, apartando la visión que de ellos generalmente se tiene como ajenos a una sensilidad debido a la mirada perdida y vacía que poseen. Hemingway los convierte en seres capaces de poseer caracter e incluso personalidad e inteligencia, llevándolos a adquirir cualidades humanas con las que se indentifica el viejo pescador.
 La descripción del viejo es de una belleza exquisita puesto que físicamente es de una figura demacrada y con avanzada edad e incluso sin vida, en ocasiones; aunque por dentro al recordar sus experiencias (el recuerdo de la pareja de peces espada o de vencer al negro de Cienfuegos) y los sueños (la visión de las playas africanas o la multitud de delfines) logra manifestar una deseo por la vida florenciente y esplendoroso aún sin dejos de tristeza a pesar de la soledad, lejos de la humanidad, que le rodea tanto en tierra como en altamar. Especifico que la soledad se da solamente lejos de la humanidad puesto que el viejo se hace acompañar de la naturaleza, la representación de la vida misma al adoptar como compañero a los peces voladores, al asignarles un nombre secreto a algunos peces como “los bonitos”, al hablar en voz alta (cantar y hasta rezar) o con el pájaro que lo visita y al relacionarse íntimamente con el pez con quien entabla una lucha a muerte.
La introspección que ofrece el protagonista junto con la aventura de pescar un pez de gran tamaño adquiere la dimensión de una epopeya heroica, si no histórica, sí adecuada para cualquier ser humano que desea justificar el motivo de su existencia. Asimismo se puede aplicar a la Generación perdida a la que pertenece Hemingway, cuyo nombre designó a los hombres que lucharon durante la Primera Guerra Mundial, puesto que encarna la lucha por vivir a pesar de estar consciente que el enemigo no es tal si no un amigo, un compañero que una vez vencido el anciano resiente su muerte y le invade el arrepentimiento. Representa la victoria sin trofeo y sin recompensa, la victoria por la pérdida (con los ataques de los tiburones) y la obtención y defensa de carroña, que tampoco posee, de lo que alguna vez fue un pez esplendoroso (“pero a la media noche luchó y esa vez supo que la batalla era inútil”). Finalmente, el regreso a casa, a tierra firme, cierra la novela, sin grandes manifestaciones de júbilo, sin ser presenciada, con la apariencia de derrota. Dentro del mismo se presenta una emulación de Jesucristo, el pescador carga el mástil y tiene cinco “caídas”, momentos de descanso.
La novela corta de Hemingway invita entre las aguas marinas a una catarsis en la que se revalora el amor por un oficio, el respeto por la naturaleza, la convivencia espiritual entre el ser humano y su ecosistema, y, finalmente, la perspectiva bajo la cual se vive dentro de la misma vida con cualidades valiosas como la perseverancia, el respeto, la armonia, la voluntad, el empredimiento, la paciencia y el amor.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s