Las divinidades del cielo: luna, sol, y aurora.

En el episodio anterior Afrodita hizo gala de aparición y de hartos amores. La diosa del amor, nació incluso mucho antes que los hijos de Crono y Rea: Démeter, Hera, Hestia, Hades, Poseidón y Zeus; los olímpicos. Y, como otros dioses, sobrevivió a la guerra entre Titanes y Olímpicos pues Zeus les permitió pervivir en su reino. En este nuevo reino también se incluyeron los hijos de los titanes Hiperión y Tea, cuyos nombres respectivamente significan observación y vista: Eos (Aurora), Helios (Sol) y Selene (Luna).

Como estos dioses son fuerzas de la naturaleza no tienen una personalidad definida como el resto de los dioses, son algo tangible y sí le dan prioridad a sus labores o al menos lo intentan más que el resto de las divinidades. En cuanto al sol y luna es sencillo presuponer que la luz solar sea buena y masculina, mientras que la lunar era oscuridad y maldad.

La aurora o Eos, por otra parte, es un ser femenino ligado con la muerte porque es una luz que se extingue. Esto es así porque según el pensamiento indoeuropeo el otro mundo se halla hacia Occidente porque es donde muere la luz de día, la aurora. Ya que el ciclo de la aurora no tiene ni principio ni fin, es obvio que ahí vive Eos y que la muerte es un viaje diurno que cesa al irse la luz.

En latín es conocida como Mater matuta, la madre de la mañana quien recoge a los muertos para llevarlos al paraíso para el descanso eterno. Su labor consiste en anunciar el previo paso diario de su hermano Helios.

Su llanto es el rocío, tiene carro y alas blancas; y al viajar arroja rosas; evidentemente emana hermosura y delicadeza. Era una diosa bella, angelical y con dedos sonrosados. Por eso tuvo varias parejas pero con Astreo tuvo a los vientos y todas las estrellas. Cabe decir que con Ares tuvo un desliz del que se enteró Afrodita y como si ella no lo hubiera hecho nunca la condenó a sentir arrebatos sólo por mortales.

Helios es el que viaja diario por el cielo dando su luz, sustituyendo a su padre Hiperión quien, según algunos estudiosos, hacia lo propio en época de los Titanes. Helios, el sol, es un dios capaz de irradiar luz propia aunque también su carro y caballos (2 machos y 2 hembras) logran iluminar el mundo. Los nombres de los equinos son: Pirois (fuego), Éoo (de Aurora), Aethón (luminosidad) y Flegón (llamas).

Su viaje inicia por oriente, desde la tierra de unos etíopes (oscuros de piel porque los quemaba el sol) . Sube al cenit, pues se guía por las estrellas, y pasa por tierra de los hiperbóreos. Su paso termina en Occidente, con la otra tierra de otros etíopes y baja hasta el Océano para dormir la noche.

Para circundar todo el disco de la Tierra se metía en una copa o caldero enorme y dormido y apacible regresa hacia el este hasta su hogar. Helios se hace acompañar de las Horas (Primavera -que corresponde a la primevera y verano-, Hestío e Inviero), quienes marcan el cambio de estación a lo largo del año.

Cuando Zeus repartió las Timai, el honor, se olvidó de Helios pero al hacerlo nacer en la isla de Rodas, obtuvo el patronazgo del lugar. Por ello a su tierra dirigía la mirada primero. El coloso de Rodas estaba dedicado a él y el templo dedicado en su honor en esa misma tierra tenía álamos blancos.

Con la oceánide Perseis, Helios fue el padre de Eetes, Circe y Pasífae.También fue padre de las Helíades, quienes custodiaban su ganado rojo y con el que se tomaron los marineros de Ulises. Después de que Helios termina su viaje a través del cielo, su guapa hermana Selene comienza el suyo cuando la noche cae sobre el orde.

Selene, la luna, tiene tez blanca, una corona de media luna y su carro es tirado por bueyes blancos. Debido a su onírica belleza ella también fue seducida por Zeus, con quien tuvo a Pandia, la serena claridad del equinoccio de primavera. Pero no fue el único que la requirió en amores: Pan quiso tener sexo con ella por lo que en Arcadia se transformó en un carnero blanco.

Junto a Selene están las estrellas de la mañana y del anochecer, los gemelos pero no hermanos: Fósforo (amanecer) y Héspero (anochecer).

Ella protagonizó una de las historias de amor más románticas al conocer al rey de Élide o Caria, en Asia Menor, Endimión. Él era nieto de Zeus y a pesar de regir se dedicó al estudio de los astros enamorándose de la luna, su única compañía en el monte Larmos.

Endimión la veía hasta quedarse dormido y Selene, que no sabía nada de ello, una noche bajó a la tierra. Lo vio dormido y desnudo a fuera de una cueva (así le gustaba dormir a él) y lo amó.

Por ello, la diosa dormía a su lado todas las noches sin despertarlo y amándose en secreto hasta que una noche Endimión despertó y la vio a su lado. De ese modo el mortal se enteró que era el amante de la diosa. Sí, probablemente ella se echaba al guapo durmiente mientras él estaba dormido.

Con el paso del tiempo, ambos se dieron cuenta que como mortal él moriría, así que ella pidió a Zeus le concediera juventud eterna. El deseo les fue concedido: Endimión no sufriría el paso del tiempo mientras estuviese dormido; sólo envejecería durante la vigilia. Ella prometió acompañarlo al dormir.

Pese a ese inconveniente Selene y Endimión no tuvieron ningún problema en procrear hasta 50 hijas entre ellas Naxos. Desde entonces Selene, en su transitar nocturno pasa a ver a su amado y desciende al monte cerca de Heraclea de Caria.

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