El can Cerbero, duodécimo trabajo (segunda parte)

CerberoEn el episodio anterior, Heracles inicia su última labor, se adentra en el inframundo y se encuentra a los príncipes Meleagro y Teseo. En medio de su misión también libera a Ascálafo de su tortura (hijo de la oceánide Aqueronte) que sufre a causa de la diosa Démeter, quien le impuso estar toda la eternidad bajo una enorme piedra. El castigo se debía a que él, como súbdito de Hades, declaró ver a Perséfone comer granada, por lo que debía quedarse con su marido un rato del año. Cuando queda libre, Deméter lo transforma en lechuza campestre. Según Ovidio, Perséfone lo rocía con agua del río Flegetonte, para eso.

Ya que Heracles anda haciendo el bien por todo el inframundo y no tenía idea de dónde ir, se topa con una oscura vaca y la mata. El animal no es común pues es parte del ganado negro de Hades. Él quería dar la sangre de la vaca a las ánimas hambrientas que claman vida. Menetes o Menecio, el pastor e hijo de Ceutónimo, al ver cómo se meten con su ganado, desafía al héroe a luchar pero Perséfone interviene. Heracles le pide a la reina del inframundo una audiencia con su esposo así que ambos van a su palacio y en la entrada ve a Cerbero, quien mueve su cola-sierpe.

caraLogra una reunión con el dios del inframundo y le pide prestado a su fiel perro, a lo que Hades accede, creyendo que el can matará al mortal. Para que el héroe logre sacar al perro de su hogar, el dios impone como condición que pelee con el monstruo de tres testas sin usar arma alguna. Sale del palacio de Hades y, ante las puertas del Aqueronte, encuentra al perro, hijo de Equidna y Tifón, y hermano de Ortro.

La lucha cuerpo a cuerpo es férrea pues la bestia no sólo cuenta con fuerza sino con varias cabezas y su ferocidad. También posee grandes ojos bermejos, iluminados por una luz sobrenatural y siniestra; además, de sus colmillos se desprende un veneno negro y mortal. Como dato curioso, cabe decir que los nombres de sus cabezas son: veltesta (cabeza izquierda), tretesta (tercera cabeza) y drittesta (derecha).

Finalmente, Heracles sale victorioso del combate y aunque lo vence tiene que encadenar al enorme perro para llevarlo a rastras hacia Micenas. Casi al borde del río Estigia, el héroe llega al árbol Leuce, que antes era la ninfa que una vez amó Hades: el límite de los Campos Elíseos. Con sus hojas negras como la muerte, se teje una corona y las que tocan las sienes de él, se tornan plateadas como señal de su éxito. Desde entonces, a Heracles se le consagra el álamo blanco ya que su color albo brillante indica que trabajó y triunfó en ambos mundos.

cerberusAunque Atena lo ayuda a volver a la superficie, él sale por el precipicio de Trecén, por donde hace mucho Dionisio sacó a su madre Semele. Según otra versión, también se aleja de donde entró. Marcha por un sendero que lo lleva a la sombría cueva de Acone, en Mariandina, Mar Negro; y otras más hablan de su salida por Ténaro (templo de Poseidón parecido a una cueva) o por el monte Lafistio, donde está una estatua suya.

Cerbero no está habituado a la luz, se resiste, ladra furiosamente y hasta echa baba, de la que brota una planta venenosa, Acónito o Hecateis. Por eso, Heracles entra con todo y perro infernal hasta donde se encuentra escondido el rey Euristeo en cada trabajo: la urna enterrada en tierra. El héroe libera al can para que el rey mire la hazaña y el término de sus 12 faenas. En cuanto es liberado, el perro ladra y regresa a casa.

Cabe contar que hay quienes dicen que Euristeo ofrece un sacrificio pero en lugar de cederle un buen trozo al héroe le dio uno que usualmente se le daría a un esclavo. Con tal ofensa, Heracles mata a los hijos de Euristeo: Perimedes, Euribio y Erípilo; es quizá ilógico pues si ya está puro, no puede matar.

Con esta misión terminan los 12 trabajos de Heracles y es perdonado por matar a sobrinos e hijos pero también se convierte en El Gran Héroe. Pese a sus hazañas no se convierte, aún, en un dios pero es el primer mortal en conquistar a la muerte, es el gran Conquistador. Sin embargo, el destino aún le depara más gloria ya que con las manzanas se acercó a la inmortalidad y con el can al fin de la vida mortal.

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